Castigos: ¿Cuándo estos pueden ser perjudiciales?

Cuando un padre enfrenta la crianza de su hijo, debe desarrollar estrategias de corrección que le serán necesarias en muchas situaciones, principalmente cuando el niño se porte mal, que será muy común. El preferido de casi todos es el castigo, tanto físicos, de aislamiento o el que se basa en quitarle un estímulo. Pero, aunque se trate de una práctica tradicional, puede ser más perjudicial que positiva.

Los autores del libro “El Cerebro del Niño”, Daniel J. Siegel, M.D; y Tina PayneBryson, Ph. D, explicaron para un artículo de la revista Time, lo negativo que es castigar constantemente a los niños. Según sus declaraciones, la estructura física del cerebro se ve afectada por las experiencias repetitivas que tiene el menor. El infante se crea una imagen negativa sobre la disciplina.

Según la psicóloga infantil, María Luísa Ferrerós, autora del libro “¡Castigado! ¿Es necesario?”, los niños que presentan conflictos más severos son aquellos que provienen de hogares autoritarios, con el castigo “a la orden del día”. Las sanciones, aunque aparentemente son eficaces, en realidad producen un cambio de actitud momentáneo, por lo que las conductas negativas suelen repetirse cuando el adulto no se encuentra presente.

Algunos de los efectos de castigar constantemente a un niño son: pérdida de confianza hacia los padres o tutores, baja autoestima, estrés, agresividad, tensión, inseguridad, aislamiento – que se produce por ejemplo, al obligarlo a encerrarse en su cuarto, haciéndolo sentir rechazado – temor,  dependencia, pérdida de la espontaneidad, creatividad y ternura de la infancia y el uso de mentiras para evitar las correcciones.

La psicóloga Ferrerós resalta que, aunque se procure no utilizar los castigos para corregir al niño constantemente, no es oportuno permitir que haga lo que desee en el hogar, pues debe entender que en la sociedad existen límites a respetar.

Algunas estrategias que pueden hacer la diferencia en el comportamiento del menor y no generar consecuencias nocivas son: dejar los límites claros por medio de la conversación, enseñarle a pensar en los otros antes de actuar, procurar su reflexión con actividades como la limpieza – por ejemplo, si ensució algo o rompió un adorno –, lo  que le enseñará que sus actos tienen consecuencias.

Procure que su hijo sea feliz en todo momento, incluso cuando esté aprendiendo lo que sus malas acciones implican. No se distancie de él con el uso desmedido de castigos.

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