La inteligencia emocional como base de la inteligencia académica

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Todo parte de una buena actitud y correctas habilidades sociales. La inteligencia emocional (EQ), ha cobrado una gran importancia en los últimos años, pues muchos consideran que es la clave para conseguir un óptimo desarrollo personal, académico y profesional.

El concepto de inteligencia emocional fue desarrollado por el profesor Daniel Goleman a mediados de la década de los noventa. Antes de que sus ideas salieran a la luz todos apostaban únicamente por los talentos cognitivos. Sin embargo, gracias a su investigación, el mundo notó que una persona con cerebro prodigioso, pero que no sabe controlar ni expresar sus emociones, no necesariamente alcanza el éxito y la felicidad.

Según lo que postuló Goleman, la inteligencia emocional es una serie de actividades que sirven para apreciar y expresar mejor las emociones, además de entender las de los otros. Actitudes como el autocontrol, entusiasmo, empatía, perseverancia y automotivación, son las características que más destacan de este tipo de intelecto, y aquellas que mejoran el desempeño  del individuo en las áreas personales, académicas y laborales.

El EQ ha sido catalogado por varias instituciones altamente reconocidas como una herramienta inestimable para comprender el éxito de los individuos y el desarrollo del liderazgo en el ser humano. Incluso la Harvard Business Review, revista de la prestigiosa universidad con el mismo nombre, la ha catalogado como “un concepto revolucionario, una noción arrolladora, una de las ideas más influyentes de la década”.

“La inteligencia académica no ofrece la preparación que se necesita para la multitud de dificultades, o de oportunidades, a la que nos enfrentarnos a lo largo de nuestra vida”, afirmó Goleman. Y es que, la gran cantidad de teoría que es posible adquirir gracias a un alto coeficiente intelectual, no se puede utilizar adecuadamente sin el equilibrio emocional.

Esta “nueva” inteligencia, es una valiosa virtud que fortalece la vida académica, y es altamente recompensada en el mundo de los negocios, donde genera una mayor productividad y bienestar empresarial.

Esto se debe a que una persona con alto EQ está mucho más motivado a alcanzar sus metas, es asertivo, soporta mejor la frustración, cuida su salud, es proactivo y organizado. Destaca durante los años de estudiante, y en el futuro, se convierte en un profesional perfilado a importantes puestos de trabajo, donde suele ocupar el cargo de líder por su facilidad de guiar con éxito el talento de sus colaboradores.

Según el director independiente de empresas y exCEO de Citybank, Bank Boston y Rímac Seguros, Rafael Venegas, los directores empresariales de antes, quienes por lo general recibían una educación rígida y enfocada en lo cognitivo, eran “duros, directos, verticales, y muchos veces arrogantes”. Ahora, de acuerdo al libro “Great Peaple Decisions”, tener un alto nivel de EQ es preferible, pues los conocimientos académicos ligados a un buen manejo de personal y de emociones, son una combinación de éxito asegurado.

“Si no controlas tus habilidades emocionales, si no tienes conciencia de ti mismo, si no eres capaz de controlar tus emociones estresantes, si no puedes tener empatía y relaciones efectivas, entonces no importa lo inteligente que seas, no vas a llegar muy lejos”, sentenció Daniel Goleman. El déficit de EQ eleva los riesgos de fracaso, victimización y desperdicio del talento cognitivo.

En la vida académica, las personas con EQ, son estudiantes asertivos, que enfocan positivamente su inteligencia, buscan constantemente mejorar a través de su esfuerzo y no sufren de estrés o fatiga mental al enfrentar pruebas académicas, pues saben de lo que son capaces y se preparan con actitud positiva. La inteligencia emocional es incluso una condición para el despliegue de otras habilidades, como la toma de decisiones racionales.

En la vida adulta, son profesionales admirados, respetados, empáticos y con la capacidad de cumplir sus metas a través de planes exitosos que motivan al personal. Por otro lado, tienen familias unidas, consistentes y felices.

Está claro que la inteligencia emocional  es la base para explotar correctamente el coeficiente intelectual. Si no existe un equilibrio emocional, por muy inteligentes o racionales que seamos, no podremos rendir correctamente. Motivarnos, empatizar y regular los estados de ánimo desde edades tempranas es esencial.

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