¡Mi hijo no quiere comer!

Sentarse a la mesa todos los días con su hijo es una batalla. Cocine lo que cocine, sus platillos nunca le parecen una alternativa deliciosa al pequeño. Él se niega a comer sin saber que las consecuencias de esta decisión pueden ser fatales.

Durante los primeros años de vida la alimentación saludable es vital, pues se trata de un periodo de formación y desarrollo. El consumo de vitaminas, proteínas, nutrientes y sustancias que el cuerpo requiere, asegura un crecimiento óptima y evita la aparición de enfermedades debido a la disminución de defensas corporales.

La principal consecuencia de una mala alimentación es la anemia, enfermedad que sirve de base para muchas otras complicaciones, como retraso en el crecimiento, bajo rendimiento escolar, taquicardia, arritmias, y el desarrollo de enfermedades infecciosas o víricas. Según datos revelados por la  Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES), en el Perú un millón 25 mil 524 niños menores de 5 años la padecen.

Los síntomas más comunes y evidentes del déficit son el cansancio, calambres, dolores de cabeza, cambios imprevistos de carácter, adormecimiento, entre otros.

Es importante resaltar que los hábitos alimenticios que el niño adopte en su infancia, serán los mismos que utilizará a lo largo de su vida. Por lo que, si se niega a comer hoy, la situación se repetirá durante su edad adulta. La anemia y defensas bajas serán algo constante.

Para evitar ello hay dos cosas que se deben hacer, primero identificar los motivos de su inapetencia y segundo, llevar a acabo ciertas estrategias para solucionar el inconveniente.

Algunas causas pueden ser, raciones de comida desproporcionales a comparación del apetito del pequeño, un desequilibrio emocional que le genera desánimo y tristeza (como un problema familiar, en la escuela  u otros motivos de preocupación), una manera de llamar la atención o una ingesta de alimentos altamente selectiva debido a la sobresensibilidad a ciertos olores o sabores. También es posible que el pequeño no desee comer como síntoma de alguna infección o enfermedad.

Según sea el caso, el padre deberá llevar a cabo un tipo de solución diferente. En algunas ocasiones tendrá que acudir con un psicólogo, en otras con un nutricionista o simplemente ponerse firme hasta lograr que el niño acepte los alimentos.

Algunas recomendaciones para que el pequeño desarrolle eficaces hábitos alimenticios son las siguientes. Crear un ambiente agradable, evitar condicionar las comidas con algún tipo de castigo,  servir los alimentos en un plato extenso para que el infante perciba una cantidad menor, fomentar su autonomía y propiciar sus gustos alimenticios vigilando que sean equilibrados.

También es importante evitar cumplir todas sus exigencias o exquisiteces, él debe saber que todo lo rico no siempre es nutritivo.

La inapetencia nunca debe ser una situación permanente. El buen desarrollo intelectual  y físico de su hijo depende grandemente de cómo se alimente hoy.

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