¿Qué debes hacer si pierdes la paciencia con tus hijos?

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Sabiduría y serenidad. Dos palabras que resumen a la perfección la dinámica y el equilibrio que deben existir en sus correcciones. Las palabras adecuadas, sin recurrir a los insultos, y las órdenes precisas, dejando de lado los golpes, son suficientes para producir un cambio positivo de actitud en los hijos.

Muchos de los “pecados” de los padres, están relacionados con la pérdida de paciencia. La ira, molestia, fastidio o furia, ciega las decisiones y produce acciones de las cuales arrepentirse. Es por ello, que con el objetivo de moldear a los hijos en respeto y valores, algunas veces (sin desearlo), estos terminan profundamente heridos.

Por supuesto, aguantar constantemente los desafíos de un menor no es nada fácil, y hasta la persona más cariñosa y pasiva puede perder los estribos. Sin embargo, en la crianza de los hijos, comportarse como “los demás lo harían” es un error con graves consecuencias.

“Hay papás que por no pegarle a sus hijos los castigan verbalmente, sin saber que esa también es una forma de maltrato (…) Hay que tener muy claro que las palabras negativas pueden llegar a ser tan o más dolorosas que un palmazo o una cachetada”, explica la psicóloga y especialista en el tema, Francisca Urra.

Está comprobado que las frases hirientes en respuesta a los errores del infante, o los golpes excesivos como medida disciplinaria, dañan su autoestima y autoconfianza. Incluso, pueden generar un efecto rebote, maximizando el mal comportamiento y la rebeldía del niño.

Otras consecuencias de las correcciones inadecuadas son, un bajo rendimiento escolar, problemas en la construcción de la identidad, dificultad en el autocontrol y en la capacidad de manejar la agresividad, y la formación de una autoimagen negativa.

Pero tranquilo, perder la paciencia no es realmente el problema, sino dejarse llevar por ese enojo excesivo. Cuando sienta que la ira lo está embargando, recuerde los siguientes consejos.

Intente tranquilizarse contando hasta diez. Es cierto que esta práctica parece poco efectiva, pero no es así. Un tiempo previo de reflexión puede ser la diferencia entre una explosión de ira contra su hijo, y una medida correctiva adecuada para la ocasión. Cuando haya terminado de contar, la calma y serenidad habrán regresado para ayudarlo a decidir qué hacer.

Lea libros y busque información sobre crianza efectiva. A veces,  los padres actúan pensando que todo lo que hacen es correcto, ignorando las posibles consecuencias negativas de sus acciones. Por ello, es muy importante que sepa cuáles son los efectos de sus decisiones, para que pueda medirlas y no excederse.

Por otro lado, mantenga una buena comunicación y cultive la confianza con el menor. Pues, si en algún momento se excede y lo daña, él no tendrá temor de decírselo después. Es importante que sepa lo que siente, ya que a través del diálogo pueden solucionar muchos problemas.

Por último, siempre tenga claras las reglas y límites dentro del hogar. Esforzarse por no perder la paciencia no significa dejar pasar las malas acciones del niño.

No deje que su hijo vea como pierde el control. Tenga en cuenta que si desea que cambie de actitud, este es el peor ejemplo que le puede brindar.

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