¡Reconoce los síntomas de la dislalia!

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¿Su hijo distorsiona las palabras? ¿Tiene mala vocalización? ¿Omite los sonidos que pronuncia? Es bastante probable que el infante sufra de unos de los trastornos de lenguaje más comunes en la edad infantil, la dislalia. Pero para que no le quede ninguna duda, a continuación le detallaremos los síntomas de esta condición.

Lo primero es saber qué es la dislalia. Se trata de un trastorno del habla que afecta la articulación y construcción de los fonemas, generando la imposibilidad de utilizar los sonidos del habla adecuados según la edad del individuo afectado. Es importante resaltar que durante los primeros años de vida es normal sufrir de ciertos inconvenientes de pronunciación, pero si continúan luego de los cuatro años, ya se habla de dislalia.

Quienes sufren de dislalia, no suelen tener ningún problema neurológico. Según la especialista del habla del Centro Peruano de Audición y Lenguaje, Mariela Tsuda, las causas más probables son, factores psicológicos (como ansiedad y estrés), factores ambientales (sobreprotección, bilingüismo, etc.), problemas auditivos y dificultades funcionales de los órganos periféricos del habla, como labios y lengua.

¿Y cuáles son los síntomas? La sintomatología de la dislalia consiste principalmente en errores de pronunciación. Estos se pueden dividir en cinco grandes grupos, que son la sustitución, distorsión, omisión, adición e inversión de fonemas.

Los errores de sustitución son bastante notables. El pequeño reemplaza sonidos por otros, tanto al principio, al medio o al final de las palabras. Por ejemplo, puede decir “latón”, en vez de “ratón”, cambiando la “r por la “l”.

En el caso de la distorsión, el error más común es la deformación de las palabras al intentar aproximarlas a la pronunciación adecuada. Pueden decir “perdo”, en vez de “perro”. Este síntoma es más frecuente cuando existe una inadecuada colocación de los órganos de articulación.

La omisión es el descarte del fonema que no se puede emitir. Como decir “lota” cuando la palabra es “pelota”, u “osa” en vez de “rosa”.

El error de adición consiste en añadir fonemas inexistentes en la palabra original para facilitar su pronunciación. En este caso dirán “tígeres” al referirse a los “tigres” y, “aratón” por “ratón”. Por último, la inversión es modificar el orden de los sonidos. Como mencionar “cacheta” en lugar de “chaqueta”.

Si usted ha notado en su hijo al menos uno de estos cinco síntomas, lo mejor es acudir inmediatamente a un especialista que pueda evaluarlo e identificar si padece o no de dislalia. Los logopedas  basan su tratamiento en ejercicios que estimulan los músculos encargados de la producción de sonidos, así como entrenamientos de respiración, para mejorar la pronunciación y expresión. Los psicopedagogos también son expertos capacitados para tratar la dislalia.

Para ayudar al pequeño desde el hogar, Mariela Tsuda recomienda hablarles de manera correcta, evitar que utilicen de manera prolongada el biberón o chupón y proporcionar alimentos fibrosos, que favorecen el tono muscular de la lengua.

Tratar la dislalia apenas la detecta es sumamente importante, pues si su hijo no sigue una terapia adecuada, el trastorno podría convertirse en un problema crónico, que afecte su aprendizaje y desenvolvimiento social, incluso en la edad adulta.

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