¿Ser un buen padre o padre bueno?

La gran preocupación de todos los padres, es saber cómo diferenciar ambos padres y cuál es una  mejor opción para la crianza de un hijo. Este problema se ve más en la actualidad, debido que existen mayores desafíos que amenazan constantemente a la familia, al matrimonio y al desarrollo de una sana sociedad.

Como ya se sabe, dentro del contexto familiar existen padres que se esfuerzan, otros indiferentes a sus obligaciones y que tienen la idea que la madre es la única encargada de cumplir con el rol de criar a los hijos. En cambio si uno es buen padre (no un padre bueno), preparará a sus hijos para que tengan una vida adulta responsable.

A veces temen el hecho de criar y no se esfuerzan por ser un buen padre, sin embargo, deben saber que la mayoría lo han logrado recién con la experiencia, probando y errando. Entre virtudes y defectos han aprendido a serlo.

Ser un padre bueno es sencillo, solo basta un corazón blando para ser uno, en cambio la dificultad real está en ser un buen padre, necesitará voluntad, cabeza clara y aún así puede ser que falten ingredientes para considerarse un buen padre.

La gran diferencia entre estos dos tipos, es que el padre bueno quiere sin pensar, mientras que el buen padre piensa para querer, este segundo dice que sí cuando es sí, y no cuando es no; el padre bueno solo dirá sí, sin importar el hecho. En conclusión, mejor educado estará un niño con un buen padre.

La recomendación del caso, es ser un buen padre, pensar las consecuencias que trae cada decisión, hacer de su hijo una persona responsable y con valores. Además recordar que no siempre es positivo ser solo un padre bueno, porque sin querer se puede llegar a deformar la educación del niño. Pensar bastante entre las diferencias. Suerte.

 

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